alberto torres ayerdi
alberto torres ayerdi

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               sitios de la conciencia

VACÍO

El vacío, inmenso o mínimo, es el espacio existencial de lo no ocupado, de la falta. La conciencia del espacio del vacío genera una insatisfacción, una tensión hacia su ocupación ya sea matérica, cognitiva o espiritual.

Cuando el vació no es rellenado, y persiste tal categoría de conciencia, puede derivar en otro en el que se ignore la propia materia y la voluntad de ocuparla. Es el espacio de la nada.

El espacio de la nada es por lo común un espacio existencial de negación, se niega su existencia hasta el punto de ser considerado irreal, patológico. Quizá sea esta una de las fronteras más difíles de transcender por lo absoluto de la soledad que la acompaña.

Tanto la tensión a ocupar el vacío como la negación de la nada son impulsos que se conjugan en el tiempo hasta que el "eterno retorno" no muestra más opción que reconocer a la nada su categoría existencial. A menudo una vida no es tiempo suficiente para deshacer tal bucle.

Paradójicamente el espacio de la nada es un espacio generador, el lugar en que los límites se trasmutarán.

Ante la materia y el vacío el hombre, el escultor se siente sujeto, aspira a contenerlos, a dar sentido. Ante la nada el escultor se siente objeto, ha renunciado a comprender, a dominar el límite, renuncia a si mismo.

INVISIBLE

El reflejo de la luz señala lo visible, mientras la oscuridad muestra lo invisible.

En la luz… habita la observación, en la oscuridad… la búsqueda. 

La búsqueda de luz se mueve en la oscuridad y se acompaña del miedo a encontrar lo que no se refleja.

Cuando lo que no se refleja está próximo las líneas del vacío limitan con las de la nada (clama la locura). Se abre una gran frontera, aquella a partir de la cual no se podrá compartir, ni revivir, tan solo recordar. Comienza ese dominio, extensión sin gravedad, donde desaparecerá lo sabido; pura generación.

DENSIDAD

Al adentrarse en la materia el escultor atraviesa su forma. Al adentrarse en la materia modifica su propio tamaño permitiéndose así contemplar la entidad de lo infinito. Al adentrase en la materia ésta muestra el vacío y las tensiones que recorren el espacio en el que habita.

El infinito no progresa, no retrocede, no tiene dimensión, es vivido como densidad absoluta.

La densidad es una cualidad de la materia en la que según la posición que se ocupa muestra un contenido de naturaleza diferente.

Una mano será suficiente para recoger todo el peso. Una mano, y cuanta voluntad contiene, suficiente para sentir la densidad de lo infinito. Una mano suficiente, aunque un universo no lo sea para acoger la materia de todo cuanto existe.

GRAVEDAD

Materia y gravedad. Memoria y conciencia.

Perdido el recuerdo… desaparece la memoria, ya no hay tiempo. Concluye el movimiento, tan sólo sucede. En ningún lugar. Ya no hay distancia.

Perdida la gravedad… no hay materia, no hay espacio. Concluye la historia, tan sólo sucede. No hay cultura, tradición, proyecto ni futuro.

Ya lo dijo Arquímedes: “Dadme un punto …”

PLANO

En el plano el hombre es punto. El punto desde el que se traza la línea del horizonte.

En el plano el hombre es la medida del límite del hombre. Ese imposible genera una vibración que empuja al cambio, al movimiento, al más allá del punto que vaya a donde vaya no se desplaza pues en el plano el hombre es la medida del límite del hombre.

El movimiento acabará confirmando al hombre como el punto que traza su línea, como la referencia de si mismo. El movimiento inutil atraerá la angustia que empuja al hombre a la quietud.

En la quietud, ante el horizonte inalcanzable, reconoce el hombre la tercera dimensión.

MUERTES

En la muerte como acontecimiento se muestra a ésta con categoría, entidad, extensión más allá del límite de la vida con naturaleza propia y generalizable.

Para el escultor esta es la extensión de la incertidumbre.

Al considerar a la realidad como algo común a aquellos que conviven, que comparten cultura, espacio y tiempo se le otorga también a la muerte la cualidad de algo común para todos aquellos que compartieron existencia en vida, limitando de esta manera su extensión e incertidumbre.

El gran miedo de recorrer este espacio es el de no poder volver, el de no poder reconocerse. El miedo a renunciar a la gravedad, a abandonarse. El miedo a renunciar a la categoría de lo común, a la cultura. El miedo a ver lo invisible... y a serlo.

LÍMITE

El límite es la línea que separa realidades, la línea que muestra la diferencia, la separación.

La diferenciación de naturalezas, la conciencia de ese corte, da origen a una vibración, a un movimiento, a un impulso, a un deseo de contacto.

En la proximidad, el tiempo y el espacio pueden llegar a confundirse creyendo que el momento del contacto pude generar el espacio de la unión, pero tan sólo es una fantasía.

Para que la fantasía se consume ha de producirse la fusión. Y una vez producida ésta el espacio ciertamente es único, pero su naturaleza  también. Ya no hay límite, no hay diferencia, no hay opción.

En el límite se halla la posibilidad de ocupar un mismo tiempo en la imposibilidad de ocupar un mismo espacio.

El límite es umbral de la soledad… y de la libertad.

SEGUNDA LUZ

Traspasado el límite de lo opaco la luz queda atrás, ya es pasado.

Si el pasado es anhelo la intención busca el retorno, el espacio que ya no existe y que fantasea recuperar. Quizá la fantasía sea lo suficiente poderosa como para no reconocerse.

Si el pasado es recuerdo quizá el retorno, al saberse imposible, busque habitar en lago de la evocación.

Si la luz y el recuerdo quedaron atrás la visión podrá ser diferente y el ojo captar, en el interior de lo opaco, aquello que no se refleja; lo que se hace presente sin mostrar forma; lo que ilumina la luz oscura, la segunda luz.

Traspasado el límite de lo opaco la luz queda atrás, ya es pasado.

TIEMPO

Es el tiempo la oportunidad de vivir en el espacio, la posibilidad de convivir con los límites de la luz y la gravedad, el momento de poder mirar en el espejo en el que poder reconocerse.

Es el tiempo una oportunidad, la de reconocer y modelar. La oportunidad del escultor.

En el tiempo vibra la resonancia de cuanto sucede y en él se propaga, incidiendo en cuanto existe.

En el tiempo se es causa-efecto, y mientras éste sucede está presente también el misterio que permite intuir lo que a él no está sujeto, lo que lo contiene.

CAMINO

En él sucede cuanto ha sido determinado, más allá de quién o qué lo determinara. Sucede aquello con lo cual se ha de convivir desde la carencia o renuncia a alguna dimensión.

Llegado a él el escultor topa con un límite poco soportable, el límite del final del libre albedrío.

Quizá sea este tránsito uno de los más característicos de la condición humana, a pesar de la omnipresente voluntad de ser evitado, alterado o trascendido.

En él las decisiones ya están tomadas. Quizá no haya mejor contraste, nada que nos devuelva reflejo más nítido de nosotros mismos que el tránsito a través del camino.

Él no es la posibilidad de ir sino la de volver. La oprtunidad de saber el porqué de las decisiones, pues no es posible ver más allá de la comprensión de las elecciones hechas.